Minería a cielo abierto: Desastre anunciado

La minería a gran escala o denominada  “minería a cielo abierto”, es una actividad industrial de alto impacto ambiental, social y cultural. Es también una actividad industrial insostenible por definición, en la medida en que los costos  superan con creces los beneficios financieros esperados.

Foto: OPA

La minería a gran escala o denominada  “minería a cielo abierto”, es una actividad industrial de alto impacto ambiental, social y cultural. Es también una actividad industrial insostenible por definición, en la medida en que los costos –externalidades negativas irreversibles- superan con creces los beneficios financieros esperados, más aún cuando se realizan en ecosistemas de boscosos, o cuando están implicadas fuentes de agua, áreas protegidas y/o otros.

 

Las innovaciones técnicas que ha experimentado la minería a partir de la segunda mitad del presente siglo han modificado radicalmente la actividad,  de modo que se ha pasado del aprovechamiento de vetas subterráneas de gran calidad,  a la explotación --en minas a cielo abierto-- de minerales de menor calidad diseminada en grandes yacimientos.

 

La minería a cielo abierto remueve la capa superficial o sobrecarga de la tierra para hacer accesibles los extensos yacimientos de mineral de baja calidad. Los modernos equipos de excavación, las cintas transportadoras, la gran maquinaria, el uso de nuevos insumos y las tuberías de distribución permiten hoy remover montañas enteras en cuestión de horas.

 

En el Ecuador,  el Gobierno ha estipulado cinco mega proyectos mineros: (i)Rutas del Norte Kinross Aurelian  (Los Encuentros Zamora), empresa Canadiense, (ii)Mirador Ecuacorriente  (Cordillera del Cóndor-El Pangui -Zamora), Empresa ECSA-Ecuacorrientes S.A, (iii) Carlos Panantza Explorcobres/ECSA (Limon Indanza Morona), (iv) Quimsacocha  IAMGOLD  (Tarqui Victoria Portete Azuay), (v) Río Blanco San Luis Minerales (Chaucha y Molleturo – Azuay).

 

El lunes 5 de Marzo 2012  se celebró la firma del acuerdo minero más grande de la historia del país, en el Pangui, Zamora Chinchipe con la empresa ECSA-Ecuatorrientes, por el cual existen desacuerdos de sectores sociales que ven amenazada su supervivencia al ver afectado,  entre otros, el recurso agua de vital importancia.

Incluidas las regalías, impuestos al valor agregado y a los ingresos y otros tributos, Ecuacorriente pagará al Estado cerca de un 52 por ciento de sus ingresos, detalló el Ministro de Recursos no Renovables, Ing. Wilson Pastor, agregando que la inversión incluye la construcción de un puerto desde el que el cobre será enviado a China.

De igual manera señaló: “…el proyecto crea un negocio cuyo valor no será menor a 20 mil millones de dólares, de los cuales la mitad amortizarán los costos operativos y la inversión…”, pero no se contempla los costos ambientales que no pueden ser amortizados porque son irreversibles y constituyen un ingente e inestimable costo para el conjunto de la sociedad.

 

Las autoridades han dado declaraciones sobre el Proyecto Pananza – San Carlos el que dice contar con una reserva aproximada de 14 mil millones de libras de cobre. El proyecto está en la fase de exploración avanzada y tiene los respectivos permisos para continuar con los trabajos, permisos concedidos por un Ministerio de Ambiente ocioso, lento e ineficiente que ha brillado por la ausencia en la gestión pública.  Adicionalmente,  al igual que los demás proyectos mega mineros referidos, no se ha difundido los contratos, ni los planes de manejo ambiental que incluyan la línea de base, ni las exigencias ambientales en fase de abandono, ni las compensaciones por daños irreversibles.

 

Resulta difícil determinar el impacto ambiental de tan brutal actividad. A pesar de la tecnología empleada, que aunque asegura estándares de calidad, no exime el riesgo de desastres, derrames, y sobre todo la disposición de cientos de miles de agua contaminada con minerales pesados, aproximadamente 300.000 m3 de agua / día  es requerida para la actividad minera a gran escala; o el equivalente para el caso de los acuíferos, 1 gramo de oro demanda el uso de 1000 litros de agua por segundo.

 

La minería a gran escala, usa Mercurio, Cianuro, Arsénico minerales pesados contaminantes. Aproximadamente 9 toneladas de explosivos y 10 toneladas de cianuro por día (lixiviados con cianuro para separa el mineral de la roca),  genera 18 toneladas de desecho tóxicos al día.  Para la disposición de estos desechos se construye diques de cola que almacenan esta ingente cantidad de tóxicos. Las colas de explotación se depositan en piscinas de fondo hermético (diques de cola)  los mismos que se fracturan puesto que cuando se trata de minerales tóxicos nada es seguro, y dejan verter millones de toneladas de tóxicos al medio natural agua, suelo y/o subsuelo, contaminándolos irreversiblemente. (Las colas de explotación son residuos de roca que se extraen al elaborar los túneles de explotación, además son restos de la roca que ha sido procesada para extraer el mineral.)

 

Al hablar de una fase de exploración minera, los impactos ambientales están enfocados principalmente a los componentes flora (remoción de cobertura vegetal para instalación de plataformas de perforación, principalmente), suelo (remoción de suelo superficial), agua (uso ingente del recurso e incremento de sedimentos), aire (incremento de ruido y emisiones gaseosas provenientes de máquinas perforadoras y explosivos).  Es por esta razón de suma importancia la elaboración de línea base ambiental. Dónde está este estudio?, quién lo realizó?  Por qué no se ha difundido?.  Cómo se le exigirá a la empresa la reposición de estos recursos afectados una vez culminadas las actividades - fase de abandono-?. Se ha estimado el monto de reposición ambiental en los contratos? Existe la posibilidad de hacer esta reposición pero en un mínimo porcentaje puesto que la mayoría de los daños son irreversibles y no permitirán una reposición. Existen otros costos que no están contemplados como los relacionados a la fase de abandono que seguramente no están contemplados en el contrato, preocupante puesto que esta fase contiene una gran parte de los costos ambientales relacionados.

 

Adicionalmente, los lodos de perforación están compuestos por restos de roca que sale de los pozos, y por arcillas naturales llamadas bentonita, empleadas como lubricante natural y como estabilizador de las  paredes de los pozos.  Estos  lodos de perforación son tratados en “pozos sedimentadores”, cuyos sedimentos son recogidos para su evacuación.  Las preguntas inevitables son: El Plan de Manejo Ambiental –si existiere-, ha considerado el sitio de almacenamiento y evacuación de estos residuos contaminantes?.  En qué condiciones técnicas?.  Por qué no se da a conocer a la población y autoridades locales estos detalles técnicos?. Si los lodos de perforación están cargados con residuos de diesel o aceites empleados en las perforadoras, deberían ser evacuados para su tratamiento por empresas especializadas,  existen en el país estas empresas, cuáles son? Consta esta exigencia en los contratos?.

 

El nivel de desbroce necesario para la actividad minera a gran escala está en relación directa con el número de plataformas y accesos que se abran, de qué área se trata?. Se ha considerado en los contratos el repoblamiento con especies nativas de acuerdo a la línea de base, nuevamente, si existiera? Qué sucede con las áreas circundantes por tratarse de explosiones abiertas a gran escala, cuál es el área implicada? Qué especies de fauna serán afectadas, en qué hábitat y de qué especies estamos hablando? Acaso no es el Ecuador un país mega diverso que protege sus recursos naturales, que además tiene derechos?.  En el contrato con la empresa Ecuacorrientes, está implicado bosque protector de la Cordillera del Cóndor, zonas pobladas del Pangui, y fuentes de agua,  la reserva natural Achales, comunidades indígenas del pueblo Ashuar.

 

En lo que a las licencias ambientales concierne, si existieren, éstas habrían sido otorgadas en el más absoluto hermetismo, sin haber realizado el debido proceso de consulta.  “Si no hay licencia social” no debería realizarse  “ningún trabajo” en el área. Los pobladores, quienes conocen el sector y conocen también la cercanía de fuentes de agua, aéreas protegidas y bosques protectores aledaños, desconfían y piden que se suspenda las actividades. Es indispensable que los contratos sean dados a conocer a la opinión pública  analizados por especialista, y grupos sociales que serán afectados por la presencia de tan ingente actividad.

 

Adicionalmente, existe un uso perverso de la poca información existente ya que los inversionistas internacionales hablan de una riqueza minera en el país, y una vez hecha la concesión, en el momento de pagar impuestos y distribuir beneficios de la explotación,  suele pasar, según experiencia de hermanos países como Argentina, Perú, Chile, la versión sobre la riqueza minera cambia.

 

El país, si se decidiere continuar con las actividades de mega-minería,  debería exigir  una garantía mediante la cual las empresas extranjeras que inviertan en el país, se comprometan a prevenir el pasivo ambiental y después de la explotación minera, emprender un proceso de remediación ambiental.

 

La pregunta no está en explotar o no, es posible que los recursos mineros contribuyan al desarrollo del país, la pregunta es: si en la relación costo/beneficio, incluidos los beneficios perdidos, el costo de oportunidad de uso del recurso, y otro valores, aún es económicamente viable en esta actividad?.

 

Deberíamos como ciudadanos permitir esta actividad que se presenta como onerosa, sin embargo, como dice el adagio popular, “haciendo cuentas”, salimos perdiendo.

 

© 2014 by María José Gutiérrez All rights reserved

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